A los 84 años y meses después de haber conseguido la prisión domiciliaria, falleció el represor de la última dictadura militar Raúl Guglielminetti. Había sido condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad en 2010.
Conocido por su alias “Mayor Guastavino”, su muerte fue confirmada este miércoles por la noche por la agrupación HIJOS Capital, que lo informó a través de un posteo publicado en la red social X.
“Nunca dijo dónde están los cuerpos desaparecidos ni nuestras hermanas y hermanos. Ni olvido ni perdón”, sostuvieron desde la organización, al respecto.
El represor había estado detenido en el penal de Ezeiza y en Campo de Mayo por sus delitos; sin embargo, a fines de septiembre del año pasado una jueza ordenó su prisión domiciliaria debido a su importante deterioro de salud.
Sus condenas
Guglielminetti recibió una serie de condenas por su participación en crímenes de lesa humanidad perpetrados en pleno gobierno militar, como los 25 casos de privación ilegal de la libertad agravada y los 21 hechos de imposición agravada de tormentos cometidos en el centro clandestino de detención conocido como “Automotores Orletti”.
También resultó culpable de encabezar detenciones y torturas dentro del circuito represivo “ABO” y en el centro clandestino conocido como La Escuelita, en el Batallón de Ingenieros 188.
En ese marco, se acreditó que, durante el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, el ex espía y agente de tareas detuvo al maestro Orlando Balbo, quien sobrevivió a los tormentos pero quedó sordo. Aquel entonces estaba destinado en la delegación Neuquén de la Policía Federal en representación del Servicio de Inteligencia del Ejército. Además, se lo vinculó con Aníbal Gordon, quien fuera el jefe del grupo parapolicial denominado Alianza Anticomunista Argentina (Triple A).
Quién era el Mayor Guastavino
Raúl Guglielminetti se hacía pasar por locutor y periodista deportivo. A lo largo de su supuesta “carrera”, se desempeñó como cronista en LU5 de Neuquén y también poseía un carné del diario Sur Argentino, medio perteneciente a la familia Sapag.
“No había dudas de que era servicio. Al punto tal de que cuando gana Cámpora (las elecciones fueron en marzo de 1973), lo que hace la JP es tomar la radio y echarlo“, aseguró Orlando Nano Balbo, militante por los derechos humanos detenido por un Grupo de Tareas dirigido por el represor, en una entrevista de 2019.
Balbo, quien falleció en 2023, había quedado totalmente sordo debido a las torturas ocurridas el 24 de marzo de 1976, de las que participó personalmente Guglielminetti.
En abril de 2012, Balbo fue el primer testigo citado por el tribunal que enjuició a Guglielminetti. Meses después, en noviembre, cuando se dictó la sentencia, Candela Balbo, la hija del maestro, estaba sentada a su lado para escribirle en una pequeña pizarra las palabras del tribunal. Guglielminetti fue condenado.
Ya durante el gobierno de Raúl Alfonsín, el entonces subsecretario general de la Presidencia, Dante Giadone, armó un grupo que actuó como un servicio de inteligencia paralelo a la SIDE. Según el propio Giadone, ni Alfonsín ni el ministro de Defensa, Raúl Borrás, confiaban en los servicios de inteligencia y por eso decidieron contar con un equipo que les aportara información de primera mano.
En ese contexto, algunos militares sugirieron mantener a Guglielminetti en el ámbito de la Casa Militar, nombre que recibe la oficina de las Fuerzas Armadas en la Casa Rosada. De ese modo, Guglielminetti —que por entonces se hacía llamar mayor Guastavino— quedó al frente de un grupo de inteligencia que reportaba a la Subsecretaría General de la Presidencia.
Al cabo de un tiempo, llegaron al despacho de Alfonsín informes confidenciales con la trayectoria criminal de Guglielminetti, que también incluían los secuestros extorsivos de empresarios para quedarse con dinero y propiedades.
Fue por esos días, también, que fue identificado en una foto que lo mostraba muy cerca del presidente. Y ahí surgió la noticia, confusa, de que era uno de sus custodios. La realidad era mucho más grave: Raúl Guglielminetti nunca fue un simple miembro de la custodia presidencial sino un agente de inteligencia de pasado oscuro enquistado en el entorno de Alfonsín para intoxicar la información.
Por entonces, nadie ordenó su detención. El agente seguía con contactos y destrezas suficientes como para no dar cuentas ante la Justicia.
Tardó mucho en llegar, pero ocurrió: fue una tarde de agosto de 2006, cuando ya había caído el sol. El juez Daniel Rafecas ordenó a un grupo de agentes de la Policía Federal que dieran con su paradero. No resultó difícil: estaba en su campo de Mercedes, provincia de Buenos Aires. De allí lo llevaron detenido y desde entonces fue condenado por varias causas.
Fuente: Infobae

