El Gobierno nacional decidió avanzar con un tarifazo en el transporte público: el boleto de las líneas nacionales subirá un acumulado del 41,4% en apenas un mes. El mínimo saltará de los actuales $494,83 a $650 el 17 de febrero (31% de suba) y volverá a ajustarse a $700 en marzo (otro 7,7%).
Sin embargo, detrás de los números del tarifazo se esconde una trama política y técnica que sacudió al Gobierno esta semana: la renuncia de Marco Lavagna al INDEC y la suspensión de la aplicación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El índice que «infla» la inflación
La clave del conflicto radica en cómo se mide el impacto de este aumento en el bolsillo. El INDEC tenía previsto actualizar la canasta con la que mide la inflación, basándose en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO) 2017/2018.
En esa nueva matriz, el peso del rubro Transporte en el índice general crece considerablemente: pasa del 11,0% (de la vieja ENGHO 04/05) al 14,3%. Es decir, sube 3,3 puntos porcentuales.
Si el Gobierno aplicaba el nuevo índice ahora, tal como estaba previsto, este aumento del 41% en los colectivos tendría una incidencia mucho mayor en el número final de inflación que se reporta mes a mes. Al mantener la medición con la canasta «vieja» (donde el transporte pesa menos), el impacto estadístico del tarifazo se «suaviza».

Fuente: Minuto Uno

